Detrás de la Cabina
Donde la música se convierte en historia
“Detrás de la Cabina” nace como un espacio íntimo dentro de Norbadeejay Eventos.
Aquí no vamos a hablar solo de luces, sonido o montajes. Vamos a hablar de decisiones valientes, de emociones reales, de sacrificios invisibles y de todo lo que ocurre cuando eliges vivir de lo que te apasiona.
Ser DJ no es solo poner música. Es gestionar emociones. Es sostener momentos irrepetibles. Es estar presente cuando otros celebran algunos de los días más importantes de su vida.
En esta serie quiero compartir lo que no siempre se ve: la parte humana, la parte profesional y la parte más personal de este camino.
Porque detrás de cada cabina hay historia.
Y esta es la mía.
— Lourdes Mendoza
Cómo hacer del espectáculo una forma de vida
Cuando decidí dedicarme por completo al mundo del espectáculo sabía que no solo estaba eligiendo una profesión. Estaba eligiendo un estilo de vida.
Trabajar en eventos significa vivir a contracorriente del calendario habitual. Cuando la mayoría descansa, tú trabajas. Cuando otros celebran cumpleaños, bodas o reuniones familiares, tú estás haciendo posible que alguien más celebre la suya.
Y eso implica sacrificio.
He estado ausente en comidas familiares, en celebraciones con amigos, en fechas señaladas. He dicho muchas veces “no puedo, tengo evento”. He cambiado planes improvisados por montajes, pruebas de sonido y carreteras de madrugada.
No siempre es fácil.
Hay momentos en los que pesa perderte pequeñas reuniones o abrazos espontáneos. Porque el mundo del espectáculo es apasionante, pero también exigente. Requiere compromiso, responsabilidad y una disponibilidad que no entiende de fines de semana libres.
Sin embargo, también tiene una recompensa difícil de explicar si no lo vives desde dentro.
Estar en una cabina cuando una pareja baila su primera canción como matrimonio.
Ver cómo una plaza entera vibra al unísono en una verbena.
Sentir la energía colectiva cuando suena esa canción que conecta generaciones.
Eso no es solo trabajo. Es privilegio.
Participamos en algunos de los momentos más especiales de la vida de muchas personas. Y con el tiempo, muchos clientes dejan de ser solo clientes. Se convierten en conocidos. En personas cercanas. En amigos que vuelven a contar contigo para otra celebración, o que te escriben meses después para decirte que aquella noche fue inolvidable.
Ahí entiendes que el sacrificio tiene sentido.
Hacer del espectáculo una forma de vida no significa vivir permanentemente en el ruido. Al contrario.
Aprendes a valorar profundamente los silencios.
Cuando aparece un hueco en una agenda intensa, lo saboreas de verdad.
- Un café sin prisas.
- Un vino compartido.
- Una charla tranquila.
- Un paseo al atardecer.
- Una lectura que te reconecta.
- Tiempo real con tus hijos.
- Una comida sin reloj.
Pequeñas escenas cotidianas que, en medio del ritmo frenético actual, muchas veces pasan desapercibidas.
Este trabajo me ha enseñado algo muy importante: el equilibrio no es tenerlo todo al mismo tiempo, sino aprender a disfrutar plenamente lo que toca en cada momento.
Cuando estamos en evento, estamos al cien por cien. Concentración, energía, profesionalidad.
Cuando estamos en casa, valoramos lo sencillo con una intensidad especial.
El espectáculo es emoción, adrenalina y entrega.
La vida personal es calma, raíces y conexión.
Y ambas partes se necesitan.
Elegir este camino no fue elegir facilidad. Fue elegir coherencia. Fue entender que mi vocación no encajaba en horarios convencionales, pero sí encajaba perfectamente con mi forma de sentir.
Hoy sé que no se trata solo de vivir de la música.
Se trata de vivir con propósito.
Y cuando encuentras eso, incluso los sacrificios tienen sentido.
Nos vemos detrás de la cabina. ?
— Lourdes Mendoza
Norbadeejay Eventos

